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Kurt Cobain, a 30 años de su muerte.

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«Voy a ser una estrella de rock, rica y famosa, y después me voy a suicidar en el momento de mi mayor gloria. Como Jimi Hendrix«.

El 8 de abril de 1994, hace 30 años, en el invernadero de una propiedad en Seattle, Gary Smith, un electricista contratado para instalar cámaras y alarmas en la propiedad, encontró el cuerpo inerte, boca arriba y con un hilo de sangre saliendo del oído, de Kurt Donald Cobain, el líder de Nirvana y el hombre que sin quererlo, se convertiría en una leyenda del rock.

Sería imposible pensar en el movimiento grunge de los años 90s y la posterior irrupción del rock alternativo a finales de la misma decada, sin la casi omnipresente influencia de la música de Nirvana en todos los ámbitos de la industria musical y artística. Desde la vestimenta, la actitud y lo que muchos llamaron el renacimiento del punk, Nirvana y especificamente su vocalista y líder Kurt Cobain, reformaron y replantearon el rock and roll, sin saberlo, sin quererlo, únicamente tocando la música que les salía de las entrañas.

La visceralidad y honestidad de la furia, la desfachatez de su irreverencia y el hastío de una sociedad consumida por lo superfluo y lo banal, eran combustible de alto octanaje para un joven de la clase media-baja norteamericana que vivió en depresión desde los 7 años. Un joven que sufrió el divorcio de sus padres más que ellos mismos; un niño que fue víctima de bullying; un adolescente que sufrió de agresiones y golpes por las parejas de sus padres y que aprendió a vivir con el dolor físico, causado por una rara enfermedad abdominal.

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Kurt no tuvo una infancia feliz, su temprana juventud estuvo marcada por la soledad y la violencia. La poca adultez que experimentó, la vivió entre las drogas y la autodestrucción.

El propio Cobain sabía que su existencia estaba condenada a la oscuridad y al dolor. Se aferraba cual salvavidas a su tóxica relación con su última esposa Courtney Love y sabía que la única luz de esperanza y de dicha que jamás conocería sería su hija Frances Bean.

No era de extranarse que a través de una guitarra y su voz desgarrada, desahogara todo ese sufrimiento, toda esa estúpida ironía que le representaba el simple hecho de estar vivo, de respirar y de tener un nombre.

Las letras de sus canciones, repudiaban a veces con odio legítimo y en otras con ácida irreverencia, a una sociedad que orillaba a una juventud cada vez más segregada y condicionada, a obtener una etiqueta social basada en sus gustos, en su forma de vestir o hasta en sus notas escolares.

Con solo 3 álbumes originales: Bleach (1989), Nevermind (1991), e In Utero (1994), Nirvana lograría dejar una huella profunda, indeleble e inolvidable en la historia de la música y la cultura pop, y es que pese a su naturaleza iracunda y rebelde, la sonrisa y mirada de Cobain eran las de un pequeño triste y nostálgico, que añoraba la paz que nunca conoció y que siempre le esquivó entre la adicción a la heroína y los propios excesos de ser una estrella del rock.

2470305 Kurt Cobain: Kurt Cobain on stage for Nirvana, Marquee, New York, NY September 28, 1991. Photo By: Kristin Callahan/Everett Collection; (add.info.: Kurt Cobain on stage for Nirvana, Marquee, New York, NY September 28, 1991.); Kristin Callahan/Everett Collection; Everett Collection; .

Nevermind desplazó en 1992 a Michael Jackson, se colocó dentro de los álbumes más vendidos de la historia y escaló estrepitosamente en las listas Billboard, cuando estas aún significaban algo.

De pronto los converse volvieron a las escuelas, las camisas de franela desabotonadas y los jeans desgastados y rotos se convirtieron en tendencia y se vendían al por mayor en las tiendas. Ni siquiera los Ramones o The Clash habían logrado esa clase de penetración social. Irónicamente, todo lo que Kurt detestaba del mainstream, había encontrado en su personaje a su principal predicador.

Nirvana fue el ariete del grunge, un movimiento musical que ya tenía entre sus filas a Pearl Jam, Alice in Chains, REM, Soundgarden, Hole, Bush, Mudnoney y hasta unos tardíos Stone Temple Pilots. Revivieron el espíritu punk a nivel mundial y como efecto secundario, sanjaron la brecha entre el pop más «conservador» y el rock más radical. Sin concesiones ni un elaborado plan de marketing, simplemente haciendo canciones sobre lo que la juventud atravesaba y sentía en su día a día.

Sin embargo, todo esto es demasiado para la espalda de un hombre herido, lastimado y cansado de su propio ser. Kurt nunca quiso ser famoso, nunca quiso el reflector en su cara, lo aceptó como parte del negocio que nunca llegó a comprender del todo, pero que le permitía tener acceso a una vida en donde podía expresarse, ser escuchado y representar algo para millones de personas que al igual que él, no venían del privilegio, ni de las academias de canto o conservatorios musicales. La música de Kurt y de Nirvana, era un grito de unidad e identidad para aquellos segregados, «outkasters» de la clase media y baja, aquellos que vivían su mejor momento del día en el trayecto de la escuela a su casa, cuando no eran «buleados» por sus compañeros o golpeados por sus padres. Sin embargo, nunca fue un grito de auxilio.

Como crecido en los 90s y en los 2000s, claro que conocí a Nirvana, lamentablemente como muchos jóvenes, con una idea errada, misma que corregí cuando crecí y escuché a detalle sus letras, cuando de pronto pude interpretar el dolor y la rabia más allá de los guitarrazos que hacían enojar a mi papá y en los que me refugiaba para ser diferente a mis compañeros de secundaria, absortos en música sin sentido ni significado para mi.

Recuerdo haber visto en 1999 el MTV el Unplugged de Nirvana, el último álbum que grabaron, al principio, como buen adolescente de 13 años que esperaba escuchar «puros éxitos», me desconcertó la idea de que no estuviera «Smells Like Teen Spirit«, pero después creo que entendí el porque. No lo voy a explicar. Ahí también escuché por primera vez en mi vida el nombre y la referencia a un tal David Bowie. Pero más allá del setlist o de que si el escenario parecía un funeral, yo me quedo con una imagen, la última: la mirada de Kurt, una mirada que parecía haber tenido una epifanía, una vista al futuro en un microsegundo. No creo que haya visto su muerte, pero si creo que vio en lo que su nombre y su legado se convertirían. Y eso era todo.

Algunos meses después, Kurt se internó, —para escapar a los pocos días—, en un centro de rehabilitación, nadie sabía donde estaba. Fue hasta el 8 de abril de 1994 cuando Gary Smith lo encontró. Tenía 3 días muerto. Se había suicidado con el tiro de una escopeta en su cara. Oficialmente se declaró su muerte el 5 de abril.

Todos los medios en el mundo lo anunciaron en mayor o menor medida. Hoy, 30 años después hay muchos que se preguntan ¿Cómo sería la música si Kurt Cobain estuviera vivo? Incluso hay quienes piensan que el mundo sería diferente. Yo no lo creo. Sería inhumano someter a una persona a 30 años más de ese incesante dolor y pese a lo que creemos que pudo haber aportado, en mi opinión Kurt lo había dado todo y solo le quedaba sufrir. Que bueno que no lo hizo.

A 30 años de su muerte lo recordamos con su música, sus fotos y un desgarrador mensaje que su hija Frances Bean publicó en su Instagram. Y por más trillado que parezca cerrar estas líneas con este pensamiento, sí, en efecto: Kurt Cobain fue la última estrella del rock.

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