Para concluir el mes del terror hablemos del documental que le está dando la vuelta a Netflix: Las tres muertes de Marisela Escobedo.
El documental muestra el terror de vivir en México, de vivir en un estado de impunidad y a merced de la inseguridad que se vive día a día. ‘Las tres muertes de Marisela Escobedo’ nos explica cómo es que puede morir alguien en múltiples ocasiones, cómo es que se le arranca la luz y esperanza a una persona.
El documental retrata a Marisela y a su familia mientras buscan justicia por el feminicidio de su hija Rubí, una joven de 16 años que es asesinada por Sergio Barraza, su pareja. El documental mantiene una fotografía impecable, con excelentes apoyos visuales de archivo, como el juicio a Sergio Barraza y las marchas documentadas en Chihuahua buscando la justicia del feminicidio de Rubí.
La narración inicia con Marisela y con su familia, nos acerca al dolor que ellos sienten, al dolor que muchas familias mexicanas comparten en esa búsqueda interminable por una sentencia. El documental logra algo que pocas veces sucede, apoyarse de Marisela aunque ya no esté para narrar y seguir exigiendo.
Para darle voz desde el más allá; para decir que su búsqueda no se ha acabado. Porque, aunque fue asesinada buscando justicia, a ella ya la habían matado cuando asesinaron a su hija y, sobre todo, cuando el sistema falló en el juicio a Sergio Barraza.
El documental grita a los cuatro vientos que Marisela sigue viva y que mientras no haya justicia su nombre siempre será gritado en las calles. Cuando hablo de que es un documental de terror, me refiero a que el monstruo sigue allá afuera, el monstruo de la corrupción, de la impunidad, del feminicidio.
Como cualquier película de terror, nos exalta, nos indigna, nos conmociona. Apela al temor colectivo de la desaparición, de que el día de mañana una no sabe si será una Rubí o una Marisela que morirá pidiendo lo único que se merece —justicia.
Desgraciadamente, este documental es crudo y nos muestra la decadencia del sistema y gobierno en el que vivimos, nos hace preguntarnos ¿cuándo van a cambiar las cosas? La respuesta sigue siendo incierta.
Algo que el documental hace muy bien es sembrarnos de cierta manera esperanza. Un llamado a la acción a dejar de ignorar el tema y dejar de querer barrer bajó el tapete un problema que es más grande que nosotros.
Nos llama fuerte y contundente a la puerta, nos grita por respuestas y nosotros como espectadores no podemos ignorar ese llamado. Es por eso, que el documental es una pieza clave para entender nuestro contexto en las calles, para acercarnos en empatía a las marchas que suceden en el país, para dejar de hacer caso omiso a las injusticias y feminicidios que asedian las calles todos los días.
Me parece hasta un documental necesario para todos aquellos que siguen sin ver el problema, que prefieren criticarlo o negarlo o incluso decir ‘esas no son las formas’. Porque ya no hay formas cuando te llenan de miedo, cuando te callan la voz. De cierta manera esa es la magia del cine documental, contar las historias reales con las que convivimos no importa cuan pesadas éstas puedan ser.
Es escuchar lo que tiene que decir mi vecino, lo que tengo que decir yo. Así que vayan y escuchen lo que tiene que decir Marisela y su familia y recuerden que este documental le da voz no sólo a ese caso, sino a millones que están archivados esperando por justicia.
Si ya vieron el documental ¿qué les pareció?





