Luego del triunfo de la Revolución, los subsecuentes gobiernos nos enseñaron la verdad histórica de México: Nuestros héroes son muchos. Hombres valientes, varoniles, estoicos y solemnes cuya sangre irremediable cimentó la patria plena en que vivimos, a quienes debemos cuanto fuimos, somos y seremos.
¿Quién que esté en edad de tener hijos no recuerda las láminas de la infancia, recortadas con tijeras de papel y pegadas en la libreta con pegamento de pino de boliche? En la de la Independencia aprendimos, por ejemplo, quien fue el Dream Team de la conspiración, del don ese que se fue en su caballito corriendo toda la noche para avisarle a los Conspiradores que ya los habían cachado los españoles, de la toma de la Alhóndiga de Granaditas y el Pípila, del apresamiento y posterior fusilamiento del Padre de la Patria y la continuidad del Siervo de la Nación.
Pero me acuerdo más de cuando iba a la papelería y solicitaba una lámina de la Revolución Mexicana y me mostraban no una, sino varias: de los inicios, de los momentos más importantes, de los muchos héroes, de la Constitución de 1917, del Plan de Ayala… y en todas ellas solamente una figura se repetía de manera constante, un hombre vestido con sencillo traje café, sombrero de ala ancha, mirada profunda y reflexiva, bigote espeso y largo, carrilleras cruzadas, y sobre todo, gente de pueblo: Mi General Emiliano Zapata. Cuando escribí su biografía como tarea no usé pegamento de pinito, saqué el fino, Resistol 850. Su figura, aunque humilde, merecía un trato especial. De todos los de La Bola, era el más pueblo.
Emiliano Zapata.
El que se levantó desde abajo por los de abajo. Quien cabalgaba en brioso corcel e impartía justicia, el brindador de esperanza. El más puro de todos.
Ah, porque luego, malas mañas que uno agarra, empieza a pensar en la Revolución y no es por cuestionar por oficio ni nada pero ¿Quién es bueno y quien es malo? Porque Madero sacó a Díaz, pero Huerta, quien lo transportó a su exilio y hombre de confianza del héroe, se echó a al propio Madero, pero fue vencido por los ejércitos unidos de Zapata, Orozco, Carranza y Villa, que luego en el relajo Carranza traicionó a Zapata y lo mandó a matar en Chinameca, tiempo después de que Obregón hubiera mandado matar a Villa y ahí le paro porque esta columna trata de héroes, no de villanos.
Siempre, desde entonces, he imaginado a mi General Emiliano Zapata, como un icono de las revoluciones en cualquier sentido. Emiliano Zapata es la personificación de la libertad y la reivindicación.
Por eso cuando vi la imagen de Fabián Cháirez seleccionada para la exposición “Emiliano. Zapata después de Zapata” pensé en una certeza; Zapata es Zapata. A mí me ha gustado desde la infancia verlo convertido en un icono de múltiples movimientos sociales, el EZLN, los colectivos ciudadanos, estudiantiles, organizaciones diversas luchando por una causa, y en esta ocasión lo pensé de nuevo: Qué imagen tan poderosa es verlo así; cala en los estereotipos que se apropie para establecer una postura ante el machismo en nuestro país; ese Zapata montado a caballo, desnudo y con tacones sigue siendo tan revolucionario luchando por causas de los desprotegidos, refuerza su estatus de héroe. Es una imagen poderosa.
Por eso me llama la atención -aunque era previsible- la violenta reacción de auténticos machos bragados a quienes les molesta la imagen y la han tildado desde ofensiva hasta de mal gusto y carente de cualidades estéticas, defendiendo sus propios valores y poniéndolos encima de la libertad de expresión porque consideran que Emiliano es no solamente un icono incontrovertible, sino una figura religiosamente incuestionable en su hombría y valor y eso se debe defender con ira y violencia, como es la postura demostrada por gente del pueblo como la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA) y la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIOAC) o desacreditando la calidad artística de la obra, como hacen machos pseudo intelectuales y pedantes desde la comodidad de sus redes sociales.
Emiliano Zapata, el caudillo del sur, debería seguir siendo una inspiración para la lucha, nunca para la represión, el bloqueo, el machismo, el maniqueísmo, la violencia, la estupidez escondida tras un bigote. Que viva el Zapata homoeróticamente cachondo para combatir a quienes oprimen libertades.





