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A 20 pesitos la canción

En Jalisco, existe una clínica llamada “Tu Salud”, dirigida por un médico que empíricamente ha aprendido el oficio de la medicina. Él asegura que todo comenzó como un “Hobby” pero pronto se dio cuenta de su gran talento que lo llevó a realizar, con mucha humildad, operaciones a muy bajo costo.

Irreal ¿cierto? Pues esta es la verdadera historia de MILES de personas que se autodenominan “músicos”.

Un día, uno de mis maestros me enseñaba que, en la antigüedad, alguien cuyo propósito fuera ser “músico”, tenia que dominar múltiples disciplinas. Me hablaba de astronomía, de matemáticas, de filosofía; muchas materias que conformaban el prestigioso título que muy pocos podían alcanzar, e incluso, dada su sabiduría, formaba parte de la nobleza.

Evidentemente este concepto se quedó en el pasado. Nuestro presente se tergiversó al lado opuesto, donde cualquier persona se autodenomina músico por el simple hecho de saber reproducir unas cuantas notas, o peor aún, solo por la idea de cantar “bonito”.

Soy muy consiente de que muchísimas personas no tienen la dicha de estudiar formalmente en un conservatorio o en una institución seria. Por eso siempre defiendo al músico de oficio. Pero los verdaderos músicos de oficio; los que invierten muchísimo tiempo en dominar un género o un estilo; los que se informan y conocen. Y es que al final del camino terminan estudiando igual, con la única diferencia de que no cuentan con una guía que les pueda dar lo que no esta a su alcance.

Este es el meollo del asunto. El verdadero músico de oficio, toda su dedicación, todo el tiempo y el amor a la música siempre estará por encima del dinero. Son consientes del esfuerzo tan grande que conlleva la profesión, que son incapaces de denigrarla. Estudian, practican, aprenden por la admiración y el respeto tan grande que tienen a la música.

La contraparte son los autodenominados músicos que, a manera de dinero fácil, están dispuestos a cobrar lo que sea, a final de cuentas no les genera ningún esfuerzo. Por si creían que no podía ser peor, creen que pueden enseñar y cobrar por su estupidez. Son el arquetipo del que se cree iluminado, que el talento vive en ellos y lo que hacen, según ellos, es único.

Pero todo tiene su explicación, y esto pasa por una simple y sencilla razón: Todos creen que saben de música. Y es que la música es tan compleja y a la vez tan accesible, que te hace pensar que de verdad la entiendes. Pero no es así. La música es como barrer; hasta que no “trapeas” (estudias) puedes percibir toda la suciedad que había.

Y es aquí donde comienza el conflicto. El problema de la mala economía musical no es asunto del que devalúa la profesión cobrando poco. El problema real es que la mayoría de la gente que cobra, no lo debería de hacer. Es decir, yo considero (bajo mi ignorancia) que soy buenísimo haciendo diseños de logotipos. Domino perfectamente los programas necesarios para entregarte tu producto. Pero no podría cobrarte por eso. Primero: porque respeto mucho la profesión del diseñador. Segundo: no soy profesional y no tengo la certeza de que mi trabajo es bueno o malo. Tercero: por respeto a mi propia persona, no puedo vender algo que ni siquiera estoy seguro de hacerlo completamente bien.

Es tan trascendental que sí termina por devaluar el precio de la música, el precio de la enseñanza, y lo peor de todo: la gente se está acostumbrando a escuchar aprendices sin dignidad.

Juanjo Mejía / índigo / 22 de abril de 2021 / S.L.P

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