¡Chichis pa’ la banda, spray y destrucción!

Monosatírico: Una columna de Alex Valencia

El gordo asunto de las bubis de la cantante Mon Laferte se convirtió en una cena de negros en redes sociales. Como chacha por su casa, las opiniones corrieron cual chisme de lavadero. Pero por supuesto, ya sabemos que la culpa no la tiene el indio, sino quien lo hace compadre. Ella fue. Quién le manda andarse mostrando en público con las vergüenzas al aire cuando hay muchos niños, damas y familias viendo.

México fue uno de los países más activos en la crítica por la indecencia de la “artista”, y estas iban desde lo feo de son sus naranjas hasta sus ganas de llamar la atención para vender. Y es justificable en esta nuestra tierra, la cual porta honrosamente la insignia del onceavo lugar a nivel mundial en consumo de pornografía, solamente superado por países cuyo promedio de accesibilidad a Internet es más alto con relación al nuestro, salvo Brasil, que está en el lugar 10 pero es más grandote, así cuál chiste; y peor tantito, a Laferte se le ocurre ser chilena, cuando la palabra búsqueda principal en este pueblo orgulloso de sus raíces es “mexicana” -¡Cómo chinches no, ajúa!-, seguida, porque ya sabemos cuan importante es la familia, de “adolescente” y “mamá”.

¡Fuera teclas extranjeras que manchan nuestras redes sociales! Aquí somos decentes y sí, de entre el top 20 de sitios web visitados en el país el lugar 7 lo ocupa Xvideos y el 10 Xnxx (ambos por encima de Netflix y Whatsapp), pero esos los vemos en la privacidad de nuestras casas… o en el trabajo, porque los vecinos ya le pusieron candado a su Wifi, pero no andamos por ahí exhibiéndonos en público, eso sí está mal.

Y lo mismo le sucedió a la jovencita del estado del tiempo en Canal 7 de San Luis Potosí por andarse exhibiendo en un mini short el cual era más cinturón ancho y un top amarrado alrededor de sus cosas para que se pudieran ver su cintura y ombligo. ¿Qué le pasa? Porque sí, Ok, se veía incómoda, insegura, tensa, se jalaba para abajo el short y tenía las manos apretadas, pero eso seguramente era porque encima no le gustaba la marca de ropa que le dieron, no porque se sintiera violentada, tal vez presionada por su jefe, objeto. Si no le gustara no andaría ahí enseñando.

La cultura de la ofensa ha ganado terreno como nunca antes en nuestra utópica sociedad actual y es tan entendible como inabarcable. Hoy por fin se ha llegado a la meta de la Escuela de Frankfurt en cuanto a cuestionar modelos de estudio de una sociedad claramente enferma de lo que de nuestra perspectiva única, personal e irrefutable es su mayor penuria. Por ello no debemos dejar que ninguna dama se exhiba, porque ofende a la visión de la vida de nuestra gente; pero tampoco podemos aceptar que se niegue el derecho inalienable de destruir, maltratar, violentar, para denunciar que hay quien ha sido destruida, maltratada y violentada.

La Biblia lo dice: ojo por ojo, diente por diente. Y que nadie dé la cara, también lo dice la Biblia: «Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha«. País católico, apostólico y romano que somos, aún en la protesta más radical.

Diosito nos ve, no debemos enojarlo. Aunque unas crean en el iracundo y vengador del antiguo testamento y otras en el jipi buena onda del nuevo testamento, con todo y que sea hombre cis, cochino y manchado por el mero hecho de nacer con pito, su pecado original.

Debemos impedir su avance por el bienestar de les seres humenes presentes y futures, no podemos dejar caer este planeta en la vorágine de discriminación, invisibilidad, minimización, racismo, racismo inverso, carnívoro, omnívoro, especismo, cisgénero, cuadrúpedo, sístole, diástole y chiripiorca, más las ofensas que se acumulen esta semana, que siempre son más y peores.

Tengan cuidado por favor en sus opiniones y likes, no todo lo amerita. La razón la tengo yo, y también tú. Y tú. Y tú. Y tú. Y tú. Y agreguen tantos “tú” como necesiten para sentirse incluidos. Todos tenemos la razón. Guerra y odio a quien piense distinto. Lo dice la Biblia; el Himno Nacional:
«Y sus templos, palacios y torres
Se derrumben con hórrido estruendo…»

Ya lo dijo Othón, ese macho misógino y bélico que nos alienta a hacer cosas: vamos a rayar todo, a quemar, destruir, acusar, minimizar, subajar, ridiculizar, ofender, lo que sea necesario: mi causa por encima de todo y desprecio a quien cuestione.