COP25 ¿Amargo desenlace, dulce esperanza?

¡Ya estuvo!: Una columna de Mel JGT

Me habían dicho que “cuando fuera grande”, “cuando me graduara”, iba a lograr al fin hacer algo útil y que sería tomado en cuenta para poder cambiar al mundo. El día tan esperado llegó. Lo que me costaba aceptar y creer era que la realidad pega duro en el estómago, te deja sin aire. Sin embargo, la vida te enseña que, si deseas algo en verdad, no importa lo que cueste, te limpias la sangre, te levantas y a seguir. Es así como debemos pensar como humanidad ante los retos que se van presentando, más aún cuando la supervivencia de la misma especie, depende de seguir luchando.

La Conferencia de las Partes, COP 25, o la Conferencia Marco de las Naciones Unidas por el Cambio Climático (UNFCCC, por sus siglas en inglés) fue celebrada en Madrid los días 1 al 15 de diciembre de este año, evento al que asistieron personas provenientes de 200 naciones, con diferencias religiosas, culturales e ideológicas, pero con un mismo propósito. Estos han sido días realmente llenos de emociones, una montaña rusa llena de esperanza, de proyecciones, pero de tremenda desilusión y frustración con el resultado de esta.

A esta reunión asistieron personajes clave para lograr estas negociaciones, como lo fueron embajadores, algunos jefes de estado, ex funcionarios públicos, así como científicos, figuras reconocidas y activistas. La juventud mexicana tuvo la oportunidad de dialogar con el premio Nobel en química, Mario Molina, quien está de acuerdo en apoyarnos para hacer cambiar de parecer a la actual administración mexicana y lograr la transición a un mercado de energías renovables. Patricia Espinosa, presidenta de la COP y también mexicana, apoya a la juventud para este mismo objetivo. El economista de gran renombre, reconocido por su trabajo en sostenibilidad y combate a la pobreza, Jeffrey Sachs, dirigió un mensaje a la juventud del mundo, insistiendo que no podemos rendirnos en esta lucha, que tenemos que unir fuerzas y contagiar con nuestro liderazgo, para lograr lo que muchos creen imposible, en materia de cuidado ambiental.

Los grandes países contaminantes, quienes mayores emisiones de dióxido de carbono han generado en los últimos años, se reusaron a firmar el punto número 6 del acuerdo de París, el cual exhorta, desde noviembre del 2016, a que los países emprendan esfuerzos para combatir el cambio climático y poder adaptarse a sus efectos, apoyando a las naciones que se encuentran en desarrollo, para lograrlo. Sobre todo, exige a todas las Partes a hacer lo que esté en su poder para, por medio de contribuciones determinadas a nivel nacional (National Determined Contributions, por sus siglas en inglés), informar sobre sus emisiones y sus esfuerzos en reducirlas por medio de regulaciones de los mercados de carbono, ya que, con base en los estudios científicos, la ONU ha advertido que a partir de 2020 las emisiones de carbono habrán de reducirse a un ritmo de 7,6% al año para cumplir con la meta de un calentamiento global limitado a 1,5 grados. Asimismo, menciona algunos puntos para lograr un comercio más sostenible para el planeta. Estados Unidos, China, Brasil, Japón y la India decidieron no pactar, ante sus caprichos y múltiples bloqueos en las negociaciones, que llegaron a alargar esta conferencia de manera histórica, con las últimas conferencias de cierre terminando a las 3 de la mañana en el plenario Baker, sin ningún acuerdo.

México no se quedó atrás en negligencia climática. Entrevistando a Julio Trujillo, subsecretario de SEMARNAT, la realidad golpeó aún más la soberanía ambiental del planeta, y del país. Al preguntar la razón por la cual no se ha hecho una Declaratoria de Emergencia Climática (DEC) a nivel federal, la respuesta fue deficiente y denostando ignorancia. Una DEC contiene en sus apartados, un plan de acción para lograr mitigar los efectos de la emergencia climática. Sin embargo, el funcionario afirmó que no es necesario hacerla, pero que hay que realizar acciones. ¿En dónde están?

Y aunque las negociaciones respecto a la reducción de emisiones, así como pérdidas y daños, no llevaron a ningún lado, hubo logros que hay que resaltar, en medio de la tempestad. Se lograron acuerdos respecto a igualdad de género, incluyendo a la mujer como un punto importante en las cuestiones climáticas, para ser adaptadas a partir de 2020, así como conformar la Primera Declaratoria de las Juventudes Latinoamericanas en la COP, donde exigíamos a los gobernantes a hacer su trabajo para garantizarnos un futuro vivible, para garantizar la supervivencia de la especie.

Después de una noche extra de negociaciones, activistas climáticos y científicos nos vamos con un amargo sabor de boca.

¿Por qué esperar al año siguiente? ¿Por qué no tomar en serio el problema? ¿Por qué seguir llamando cambio climático, a lo que ahora ya se ha convertido en una crisis climática, una crisis de supervivencia? ¿Por qué seguir tapándonos los ojos ante esta realidad? De acuerdo al IPCC, tenemos hasta el 2030 para mitigar las emisiones, si queremos seguir existiendo en una armonía que, la considero ficticia, a estas alturas.

Estamos hartos de la esperanza ficticia que nos vende la política. Necesitamos de la esperanza que de verdad mueve multitudes, que realiza cambios. Ya basta de caer en la apatía de “poco a poco lo lograremos”… ¡ESTO ES UNA EMERGENCIA!

Justicia climática, AHORA.