“Cuando cruzo mi mirada con otro, entablo con él un duelo; y si lo obligo a bajar la vista y entregarse como cosa bajo mi mirada, habré conseguido que deje de mirarme y de convertirme en cosa; yo seré su infierno, y no él el mío.”
Vicente Fatone
Una de las primeras postales del año nuevo fue la celebración en Sydney, Australia; un espectáculo impresionante de fuegos pirotécnicos en el puerto para recibir la nueva década que según reportes, trajo una derrama económica de más de 80 millones de euros. Bellísimo. El país está en llamas y el departamento de bomberos advirtió del riesgo por la situación y el incremento de contaminación ¿Pero eso qué importa? El festejo, la alegría, los ingresos, eso es más importante. Para mostrar la imbecilidad humana.
2019 podrá ser recordado por muchas cosas y en nuestra mente tal vez guardemos las mejores porque es lo mejor para nuestra salud mental, que de lo malo, interno y externo, se encargue alguien más. Pero algo no podremos olvidar y seguiremos luchando contra ello: quienes están en contra de lo correcto, quienes ofenden la modernidad con su pensamiento arcaico, quienes están en contra del desarrollo de la sociedad, del país, de la vida. Quienes piensan diferente a nosotros. Los otros.
Las primeras dos décadas del tercer milenio (según la imposición cristiana) han sido tan oscuras como luminosas; por un lado, el desarrollo tecnológico, las formas arcaicas prevalecientes de sociedad, la explosión demográfica y sus consecuencias, nos han puesto en un momento de alerta como no se había experimentado antes; pero del otro lado, hemos aprendido a vernos como causantes de estos males y cobrado consciencia de ello, madurado en re pensar lo que somos y actuar en consecuencia. Hemos crecido.
Pero el campo es tan árido y las inercias tan fuertes que no podemos permitir contaminen la carrera por defender nuestras causas, deben permanecer puras y por tanto se deben combatir, con violencia si es necesario, todo cuanto les amenace para que el planeta por fin alcance un equilibrio y tengamos un futuro cierto y positivo. No hay marcha atrás, debemos prevalecer ante todo. En la unión somos fuertes, en la desunión nos debilitamos; no hay medias tintas: para estar en una causa, se debe hacer con devoción y fe absolutas.
Los otros son el peligro, la amenaza, no debemos permitir sus ideas sean conocidas, pues eso llevaría al debate, a la retórica, y eso es cederles terreno que aprovecharían para exponer su discurso, que no debe ser conocido porque es incorrecto y atenta contra nuestras ideas, vulnera la posibilidad de éxito de mi causa. Es blanco o es negro. Mi causa es lo blanco, por supuesto.
En estas dos décadas hemos perdido los matices de gris. Cerramos la última con la demostración más radical de defensa del pensamiento. En el dogma. En el adoctrinamiento. En el radicalismo fanático. Y eso, de acuerdo a la historia -y no tendría que ser distinto ahora porque estamos mentalmente estancados-, nunca termina bien. El año pasado estuvo cargado de odio a los otros como no se había visto antes, las trincheras se hicieron más profundas, oscuras y distantes. Y no hay proceso de paz, quienes tratan de mediar son de inmediato acusados como aliados de la otra parte, exiliados y maldecidos, son la casta más baja en la superioridad ulterior que se auto considera cada bando, y ambos lados viven bajo la premisa bíblica de Mateo 12:30 como dogma: “el que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama”.
El Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán supo explotar esta idea de una manera tan acertada que convenció a toda Alemania para rendirse a sus pies y creer que cuanto decían era cierto; luego Goebbels consiguió hacer la verdad propagada por el Tercer Reich considerada incuestionable y triunfaron. Para allá vamos. ¿Por qué darle un resquicio de posibilidad de razón a quien piensa distinto? Es mejor aplastarle porque nosotros somos los buenos. Y eso no está a discusión.
Saludos, Pejistas/Antipejistas, feministas/antifeministas, bolivarianos/antibolivarianos, gallardistas/antigallardistas, americanistas/antiamericanistas, tangananicas/tangananás.





