Historias de amor

Monosatírico: Una columna de Alex Valencia

Después de acuñarla, e incluso colocarla como título de uno de sus libros el crítico e historiador de cine Emilio García Riera explicó su frase “el cine es mejor que la vida”, como una alegoría y no una certeza. Yo creo que sí, pero la corrección política, aún a inicios de los años noventa, era no subajar la realidad por la ficción.

Pero es cierto. La vida, aún la de la persona más metódica y cuadrada, no mantiene un ritmo ni está determinada por una estructura dramática para hacerla interesante, somos seres aburridos tanto como si escribiéramos el diario de una mascota; por ello al contar algo a otra persona, tendemos a distribuir el suceso no de forma lineal, sino buscando la manera en la cual resulte más atractivo para impresionar a nuestro escucha. Es el azar y el cruce de circunstancias lo que determina nuestra cotidianidad, no una voluntad específica; es decir, alguien podría levantarse un día con la decisión absoluta de cambiar una vida desparpajada y caótica, calzarse los tenis apropiados, calentar los músculos, ver al sol matinal caer grácilmente por las calles con el gusto de una complicidad para el resto de la vida, y esta llega 5 minutos después, cuando se rompe el tobillo en tres al pisar un agujero mientras admiraba el cielo y el aire fresco en sus pulmones.

Pasa lo mismo con las relaciones interpersonales; a lo largo de la vida hemos tenido -más allá de la familia cercana- a varias “personas más importantes de mi vida” en distintos planos que por razones no deseadas en el momento en el cual las nombramos de esa manera, han modificado su estatus y cambiado de lugar o desaparecido de la vitrina de nuestros afectos. El año pasado reencontré con mucha emoción a mi mejor amigo de la primaria, de quien me fui separando sin querer después de salir de la escuela y por otro lado, sigo sin hablar ni desear hacerlo con un amigo a quien consideraba mi hermano. No planeé ninguno de esos dos escenarios, es la consecuencia de los actos propios y ajenos, así como el entorno, lo que ha guiado a la situación actual. No es tan simple como se lee, ni mucho menos. La perspectiva individual conectará todos los vínculos para determinar la retroalimentación que tendremos y la forma como vamos a apropiar y manejar emociones externas para procesarlas y responder como ente individual. Y eso, a pesar de lo atractivo desde una perspectiva socio antropológica, es de lo más aburrido para reflexionarlo; no lo hacemos.

La ficción es cuanto nos mueve. La ilusión, la visión del mundo alrededor de nosotros. Eso, y solo eso, nos permite aguantar el peso de la realidad agobiante, el pensar en que todo puede y será mejor es cuanto hace que por donde vaya tocando el sol en el planeta despierten esperanzas y alegrías infundadas. La voluntad de la especie, como le llamaba Schopenhauer.

Reflexiono ahora en su pensamiento pesimista basado en verdades biológicas a partir de consideraciones absolutas y relativas; las primeras vinculadas a las necesidades biológicas y las segundas al carácter particular. En el caso del amor, uno de sus más memorables temas (claro, super misógino, y retrógrada en ciertos aspectos), señala dos aristas distantes vinculadas indisolublemente: cada cual ama precisamente lo que le falta y el amor es un instinto dirigido a la reproducción de la especie, fundamentalmente. Es decir, el amor es, a fin de cuentas, algo que usamos de manera idealista para complementar nuestra pobre e incompleta persona, por ello vamos de uno a otro cual prueba de prendas, hasta encontrar la que mejor nos ajuste y se acerque a nuestras necesidades, pese a que ello no vaya más allá de la convención social de usar ropa. De igual manera, el amor es la manera con la cual tratamos de suplir el instinto animal de reproducirnos como el resto de las especies animales.

Por ello nos es imprescindible el arte, en este vertimos las ilusiones perdidas, la realidad imaginaria que nos vuelve personas normales: el triunfo del amor más allá de la muerte de Julieta y Romeo; Rick viendo partir en el último avión a Ilsa. El arte construye, nos posibilita a imaginar el mundo real como deseáramos fuera y nunca será. Eso, junto a la voluntad de la especie, permite que hoy lean esto.

Porque sabemos que Florentino Ariza algún día tendrá una conclusión feliz en su historia con Fermina Daza; la cena de Francesca Johnson y Robert Kinkaid nos volcará el corazón; Amelié Poulain, tanto como Ennis del Mar y Jack Twist encontrarán su camino; Carlos no tiene posibilidad con Mariana, pero el recuerdo será imperecedero y que Elisa y la Criatura están tan unidos al destino como Chiron al suyo a diferencia de Mia y Sebastian.

Dice Schopenhauer que el individuo se hace así esclavo inconsciente de la naturaleza en el momento en que solo cree obedecer a sus propios deseos. Así lo creo. También que el amor real, el verdaderamente imperecedero, es el que vemos en la pantalla del cine, en las páginas de la literatura y los poemas. Y aun así vale la pena buscarlo, luchar por este hasta quedarnos sin aliento.