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viernes, julio 23, 2021

La educación desde el arte

La formación pedagógica es prácticamente la misma para todos. Sabemos perfectamente que pasaremos por un proceso mínimo de entre 15 a 20 años estudiando lo que se ha considerado que es lo correcto. Hay que aprender a leer y a escribir, “las matemáticas están en todos lados”, la historia… bueno, nos cuentan la versión más conveniente. Pero ¿qué pasa con nuestras emociones?, ¿Cómo aprendemos la empatía, la sensibilidad?

Haciendo consciencia, somos seres integrales que nos componemos, ciertamente, de pensamiento lógico, de razonamiento, de matemáticas y todas las disciplinas convencionales. Pero el mundo es mucho más que la escuela tradicional. Es necesario convivir, empatizar, escuchar, hablar, sentir; trascender más allá del conocimiento. No podemos nutrirnos adecuadamente de comer solo manzanas.

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Esta educación es, además de incompleta, una idea retrograda de aprendizaje por medios verdaderamente tormentosos. Se pretende someter al estudiante a prácticas repetitivas y monótonas que solo generan una inercia de memorización. Por otro lado, “la casa” (expresada como esta entidad que complementa la educación), está basada en el mismo sistema deficiente que termina por acarrear los mismo vacíos, e incluso exige más al estudiante.

Tenemos que poner en consideración, que la educación tiene que ser significativa, es decir, generar un impacto y una interacción del estudiante que provoque un verdadero aprendizaje. Y es precisamente el arte, el medio óptimo para alcanzar el ideal de enseñanza.

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Estudiar desde la perspectiva artística te vuelve un pensador activo; te genera un hambre de saber, de salir de paradigmas, de buscar salidas alternas. Requiere disciplina, consciencia, enfoque; organización para cumplir con la mínima exigencia del arte, pero sobre todo, es MUY divertido.

Hay que ser muy puntuales en el hecho de que, “la educación artística” como se plantea hasta la fecha (tocar flautita o aprenderse unas cuantas canciones), no es una educación basada en el arte. Es, más bien, una diversión superficial que usan las instituciones como un descanso de sus propios métodos.

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Se tiene que cambiar la concepción y entender que la educación debe ser ante todo integradora y generadora de compensaciones y equilibrios, y una forma auténtica propiciadora de felicidad. Ya lo expresó Herbert Read: “…preservar la totalidad orgánica del hombre y de sus facultades mentales, en forma tal que a medida que pasa de la niñez a la edad adulta, del salvajismo a la civilización, conserve sinembargo esa unidad de conciencia que constituye la única fuente de armonía social y de felicidad individual”.

La educación actual es la codificación del individuo para cumplir con lo que el sistema necesita. Tenemos que borrar el ideal de generar conocimiento y enfocarse en crear sabiduría. Olvidarse del concepto de educación como manufactura y encauzarse en la creación de mejores personas y mejores sociedades.

La educación tiene que estar más cerca de la transformación, que de alcanzar ideales exitosos impuestos por un interés económico. Hay que invertir más en el “SER” y menos en el “TENER”.

Juanjo Mejía / Índigo / 3 de Junio de 2021 / S.L.P.

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