Milenios atrás, los lobos se acercaron a los humanos para establecer una alianza de convivencia, de ahí mutaron en perros, un animal desde entonces tan cercano que es común denominarle como “el mejor amigo del hombre” (así dice la frase, no me lapiden, buenas conciencias del lenguaje inclusivo) y en el afán de cubrir sus carencias, al igual que se hace con muchos otros animales, ahora se le atribuyen características a los canes luego trasladadas a las personas para hacerles sentir bien o mal, ser un perro lo mismo se usa para alabar u ofender al alguien, la diferencia está en el dominio lingual de quien espete el término a alguien más.
Y dominio lingual es algo de que reconocerle al presidente López Obrador, quien navega con bandera de silvestre e inocente, pero tiene la palabra más afilada del país para cortar o abrir brecha hacia donde su mente quiere las palabras se dirijan, como lo hizo el pasado 31 de octubre en “la mañanera”, rueda de prensa/espectáculo matutino ya desgastado y repetitivo pero al cual como telenovela, siguen atendiendo como moscas en miel quienes consideran que su palabra marca el ritmo del país día a día, su agenda setting. El día en cuestión hizo memoria de un dicho de Gustavo Madero cuando su hermano Francisco era Presidente de la República: «De ahí surgió una frase fuertísima que la voy a decir, la voy a decir, porque todo esto ayuda: ¿saben qué llegó a decir Gustavo Madero?: ‘Le muerden la mano a quien les quitó el bozal’.
El contexto fue la ríspida sesión en la cual los medios -a diferencia del día anterior, cuando no pudieron hacer preguntas al respecto- cuestionaban el manejo de la información por parte del gobierno federal en el fallido operativo en el cual se apresó y libero a Ovidio Guzmán en Culiacán, Sinaloa el 17 de octubre. Casi dos semanas tardó el gobierno federal en ponerse de acuerdo para dar una versión oficial y aún así hubo contradicciones e imprecisiones que los reporteros presentes buscaban se resolviera e hizo exaltar los ánimos de uno y otro lado, a partir de lo cual AMLO inició una nueva carga en contra de quienes desde la prensa lo cuestionan, al punto de hacer la cita de Madero, desafortunada en su momento, intolerable ahora, sobre todo porque lo hizo de manera calculada. Justo en el momento previo, recordó que antes de Madero, en el porfiriato, la prensa estaba sometida y era rastrera.
Este juego de espejos, en el cual el presidente compara momentos de su gobierno con el pasado, el principio de transfusión goebbeliano, ya ha sido utilizado para descartar a los medios de comunicación, ya ha cuestionado por qué a Peña (Porfirio Díaz) no lo cuestionaban y a él (Francisco I. Madero) sí. La “prensa sometida y rastrera”.
Es claro, e incluso así lo pidió al inicio de su gobierno, cuando habló de la necesidad de una prensa militante a favor del gobierno, o del cambio, como en tiempos de la Revolución, lo que AMLO quiere no son perros de los que ladran cuando algo les huele mal, si no de los que bajan las orejas, mueven la cola y solamente ladran para cuidar servilmente a su amo.
Se equivoca. Se equivoca también al pensar que gracias a él hay libertad de expresión (“quien les quitó el bozal”) la libertad de prensa es algo que se ha venido ganando desde hace décadas, debería saberlo quien se auto proclama como amante de la historia de México, recordar todos los momentos de lucha de la ciudadanía y los medios desde fines de los sesenta, recordar como, paradójicamente su némesis, el innombrable Carlos Salinas de Gortari, permitió durante su periodo en la presidencia una apertura a la libertad de expresión al ver que no podía contenerla más, como se acostumbraba, y todo eso en conjunto da el resultado de hoy, cuando se escudriña al poder como nunca antes, incluso medios con claros intereses económicos y políticos lo hacen de vez en cuando. Obviamente hay excepciones y malas intenciones, pero no puede dividir en perros malos a quienes le piden cuentas y perros buenos a quienes le lamen las manos, eso es ser retrógrada, es ser CONSERVADOR, ese término que tanto detesta y le endilga a “sus adversarios”, donde encasilla en conjunto a quienes no creamos al cien por ciento su credo.
Actualización: justo antes de enviar esta colaboración el viernes 1 de noviembre va terminando la mañanera y se habló del tema, ya dijo el presidente al respecto que no hace mal que brote “la ruda franqueza” refiriendo al encrispamiento del día anterior, y pidió algo parecido a disculpas… a los perros: “No tenía esa intención, no era igualar a los periodistas con ningún animal, además, le tengo hasta respeto a los animales, a los perros”.





