El pasado 10 de septiembre se cumplieron 28 años desde que Nirvana debutara, el que muchos consideramos su mas grande hit: Smells Like Teen Spirit, y -aunque Kurt Cobain seguramente se está retorciendo en su tumba por mi «desatinado» uso de la palabra «hit»-, no podía dejar pasar la oportunidad de hablar de lo que muchos consideramos «El último gran himno del rock».
Antes de ponernos puristas con los géneros y corrientes musicales, y de desgarrarnos las vestiduras discutiendo si Nirvana es «rock» o no, permítame amable lector, señalar que para efectos de este texto, nos referiremos al «rock» como un conjunto de expresiones culturales derivados de la ejecución e interpretación de música estridente. *guiño, guiño*
Smells Like Teen Spirit, es probablemente, el último himno generacional de los X; el primer encuentro con la rebeldía de la generación Y; el «oldie marginal» de los centenials y de uno que otro millenial mamador.
A principios de los 90s, el pop y el glam eran los ritmos predominantes en la radio, en MTV. Los outsiders, –los raros, los punks, los alternativos– se encontraban acorralados frente a escenas musicales que solo hablaban de «pasarla bien«, sexo, homofobia y chicas.
Nirvana fue una banda de marginales, desadaptados, pobres y desesperanzados infelices, que representaban el sentir de un grupo de jóvenes, – que tras los excesos consumistas de los yuppies de los 80s -, se volvieron invisibles, incómodos y fuera de lugar en la sociedad del tener.
Fue justo ese sentir, el que inspiró «Smells«, un grito alto de desesperación, de rabia, un grito que se elevó en las antenas de la radio de Seattle y despertó lo que quedaba del monstruo del punk: Pearl Jam, Alice In Chains y REM, quienes ya tenían camino recorrido, se sumaron al llamado.
Según Wikipedia… Cobain tomó el nombre de la canción cuando Kathleen Hanna, cantante de la banda Bikini Kill y novia de Dave Grohl, pintó con spray «Kurt Smells Like Teen Spirit« un -desodorante tipo Lomecan– en el muro de Cobain. Debido a que estaban hablando sobre anarquía y temas similares, Cobain lo tomó como un eslogan de esta causa.
Esto nunca fue confirmado por nadie, pero es una historia bonita de contar. Como sea…
Smells Like Teen Spirit, de inmediato se convirtió en la bandera de una generación, de un movimiento, de una ideología que se vestía con tenis converse, que no andaban en patineta; de camisas de leñador que no talaban árboles; de jeans rotos, en parte por carencia, en parte por elección. Se convirtió en el himno de hijos de las mamás adolescentes; de los intercambiados por crack y heroína; de los olvidados por el sistema y de los que no jugaban «football» o no eran populares.
4 minutos y 36 segundos de rabia, enojo, desolación… de letras abiertas a la interpretación, de no saber de que demonios cantaba Kurt, pero aún así entender perfectamente el porque de la canción.
Algunos críticos dicen que Cobain la escribió tras su ruptura con su primer novia Tobi Vall, otros -incluido Novoselic- dicen que fue una burla al mainstream, e incluso algunos se atreven a decir que se trata de un pedo existencialista de Kurt. La verdad es que el vato era bastante perezoso, y según sus propias palabras, el solo quería hacer una canción ruidosa y ya tenía la melodía, así que solo se dedicó a «cortar y pegar» pedazos de poesías, palabras, recortes de revistas y uno que otro sentimiento al azar minutos antes de entrar al estudio a grabar. ¡GENIO!
¿Entonces, por qué semejante éxito? Según yo… Por la honestidad de su interpretación. Una voz desgarrada, a veces lastimosa, entre el llanto y la furia, con visceralidad pero a su vez con consciencia, con cinismo, con esa sensación de que algo se rompe al interior.
28 años han pasado desde aquel 10 de septiembre, Nevermind seguirá siendo un disco icónico de los 90s: su portada será mil veces recreada y Nirvana será la banda favorita de muchos chavos y chavas de secundaria que seguirán pensando que Kurt Cobain sigue vivo, hasta que el Internet los desmienta. Muchos incluso se querrán matar a los 27. No lo hagan.
Muchos de los que ya estamos «mas pa’ca», la seguimos escuchando, cada vez menos frecuentemente, a veces escondida entre Queen y los Backstreet Boys en alguna estación de oldies, algunos incluso nos atrevemos a subirle y cantarla en el carro, otros mas osados hasta mueven la cabeza. La seguimos poniendo en nuestros playlist, mas por compromiso que por gusto… la neta, muchos nos la saltamos.
Pero, sean sinceros… ¿Apoco no les cae a toda madre cuando andan encabronados?





