¿Videojuegos? Son las familias, es el país

Corte De Caja: Una columna de Luis Josué Martínez

Todo ocurrió en apenas 43 minutos. José Ángel llegó, como todos los días, vestido con el uniforme del Colegio Cervantes y su mochila. Ingresó al plantel a las 8 de la mañana en punto. Veinte minutos después el niño de 11 años pidió permiso a su maestra, María Assaf Medina, para ir al baño. La profesora accedió sin problema. José Ángel salió del salón de clases cargando su mochila.

Pasaron varios minutos y el retraso del pequeño comenzó a preocupar a su profesora. A las 8:35, María Medina salió del aula para cerciorarse de que el pequeño estuviera bien, pero lo que encontró fue un cuadro inesperado: José Ángel estaba de pie, afuera del baño, pero ya no portaba su uniforme. Vestía un pantalón negro de tirantes, una playera blanca con la frase “Natural Selection” y cargaba dos pistolas; una calibre 40 y otra 22.

No puedo imaginar lo que sintió María: miedo, angustia, un sinfín de interrogantes azotando su mente; deseos de gritar o huir para evitar ser lastimada, pero también la enorme responsabilidad sobre sus hombros de atender a su alumno, entender lo que pasaba, evitar que ocurriera una tragedia o que corriera el pánico por el colegio. Ya nada de eso podría evitarse.

Según el reporte de la Fiscalía General de Justicia de Coahuila, a las 8 con 41 minutos, en pleno pasillo escolar, José Ángel disparó una de las armas, cinco alumnos y un profesor de educación física resultaron heridos. Sólo un minuto después, el niño apretó otra vez el gatillo y la bala hirió de muerte a su maestra. María Assaf se desplomó al instante. A las 8:43, José Ángel se disparó a sí mismo. Su cuerpo quedó tendido en el corredor del colegio a un lado del de su profesora de sexto grado.

En los últimos días hemos sabido que José Ángel vivía con sus abuelos; la madre falleció hace unos años y el padre ha estado ausente de su formación. “Natural Selection” es el nombre de un videojuego que el niño tenía entre sus hobbies, dicha leyenda también era portada por Eric Harris el 20 de abril de 1999, cuando junto otro joven, asesinó a 13 personas en la escuela secundaria de Columbine en Colorado, Estados Unidos

Por esta razón, el mismo viernes el gobernador Miguel Ángel Riquelme se atrevió a declarar esto: “al parecer, el niño fue influenciado por un videojuego que se llama Natural Selection, del cual en su playera tenía el nombre”.

Más allá de que, como todo político, el mandatario coahuilense habló sin mayor conocimiento técnico y comido por las ansias de difundir una primera explicación que sirviera para disipar dudas y -como si fuera posible- dar algo de tranquilidad a sus gobernados, es evidente que su lógica es una simplificación que rápidamente fue lamentada por gran parte de la opinión pública y que será fácilmente descartada en cualquier análisis serio.

A sólo unas horas de lo ocurrido en Torreón, el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Sippina) y la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim) emitieron un comunicado en el que llamaron a atender los distintos tipos de violencias que aquejan a niñas, niños y adolescentes en México.

Hicieron énfasis en “comprender los hechos de violencia en una mirada multidimensional, y no  criminalizar a las víctimas, principalmente cuando son niñas, niños o adolescentes”.

Señalan también que: “las violencias no solo se consuman en un tiroteo en una escuela como el ocurrido, sino son violencias cotidianas como el castigo corporal, abuso sexual, los homicidios y feminicidios, y los suicidios que afectan la vida de niñas, niños y adolescentes y que como país hemos ido normalizando e invisibilizando”. Y rematan: “los acontecimientos de Torreón no pueden verse ajenos a la cultura de militarización que ha dejado la fallida estrategia de seguridad. Lo que ha llevado a un flujo masivo de armas, a disposición de familias que buscan protegerse ante contextos de gran violencia, permitiendo el acceso a estas por parte de niñas, niños y adolescentes”.

Aunque habrá quienes (seguramente, y sobre todo, políticos) venderán el caso del Colegio Cervantes como un “hecho aislado”, ningún acto violento en México puede despegarse del contexto que este país vive desde hace más de una década: crimen organizado, ejecuciones, extorsiones, normalización de la violencia y apología de la narco cultura.

Lo que pasa en cada familia no es punto y aparte; el hogar es la primera aduana de los estímulos que niños y jóvenes reciben de la escuela, amigos, y entretenimiento. La casa es la instancia inicial donde deben ser atendidos y escuchados. José Ángel no despertó el 10 de enero con un repentino deseo de asesinar a su maestra y compañeros. Fue un proceso más largo y complejo en el que, seguramente, hubo alertas que nadie vio… o nadie quiso ver.

“Lo que sucede es que se prendieron focos que fueron ignorados por su entorno. Son personalidades hostiles, poco empáticos con sus compañeros y muy resentidos. Son rasgos de personalidad que sí se pueden detectar si se estudian a tiempo”, dijo en entrevista con Excélsior, Feggy Ostrosky, directora del Laboratorio de Neuropsicología y Psicofisiológica de la Facultad de Psicología de la UNAM.

La violencia que hasta hace poco creíamos cosa de unos cuantos grupos y asunto de mafiosos, ya es cotidianidad para muchas familias en ciudades, pueblos y comunidades de todo el país. Durante años se dijo que masacres como las de Columbine eran impensables en México. Lo ocurrido hace tres años en Monterrey nos mostró que las cosas estaban cambiando; muchos volvieron a caer en la trampa del “hecho aislado”. Hoy Coahuila nos ha confirmado que el deterioro es real y sigue avanzando.

Y junto a la responsabilidad de las familias, se encuentra la del Estado: Coahuila sólo es una muestra más de lo que está lacerando a México: un país devastado por la violencia y desolado por la negligencia e incapacidad de sus autoridades.

La entidad gobernada por el priista, Miguel Ángel Riquelme, ocupa el sexto lugar a nivel nacional con la mayor cantidad de carpetas de investigación abiertas por el delito de violencia familiar. Todos los delitos relacionados con esto han crecido en los últimos dos años.

De acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), los casos de violencia familiar en Coahuila pasaron de 8 mil 968 en 2017 a 10 mil 012 en 2019, un incremento del 10.5 por ciento; mientras que las carpetas por violencia de género dentro del hogar crecieron 87 por ciento, al pasar de 25 casos en 2017 a 191 en 2019.

El delito catalogado como incumplimiento de obligaciones de asistencia familiar creció en este periodo 30.3 por ciento, pues en 2017 se levantaron 381 carpetas de investigación y el año pasado la autoridad coahuilense reportó 547. Durante el mismo lapso, se han denunciado en toda la entidad 657 homicidios dolosos y 44 feminicidios en toda la entidad.

Cifras que, sería bueno, fueran bien revisadas por el gobernador Riquelme, su gabinete de seguridad y hasta por el gobierno federal (se supone que para eso, entre otras cosas, son las reuniones diarias a las 6 de la mañana), antes de que, cualquiera de ellos, vuelva a tener la más mínima tentación de hablarnos sobre “el poder destructivo” de los juegos de video.