Por la justa y necesaria resistencia de ELLAS: #9M
No me gusta. No me gusta que te laves la cara. No así. Lo haces con mucho cuidado. Con mucha dedicación. Ya te lo he comentado antes. No me gusta ese perfume que te envuelve. Esa mirada que reflejas mientras te miras al espejo, mientras vistes tu cuerpo. Mientras ajustas tu cuerpo. Ya te lo había comentado, ¿recuerdas?
Ese aroma, ese, el de tu cuerpo, ¿te acuerdas que me lo dedicabas cada día? No se siente que te acuerdes. No entiendo. ¿Porqué tienes que presumirlo a los demás? ¿Porqué tiene que compartirse en la oficina? ¿Porqué tiene que salir de nuestra intimidad? Disculpa. De pronto hay cosas que, como que no entiendo. No me hagas caso.
Otra cosa: no veo la importancia de la reunión. Hay mucho que hacer aquí. Esta es tu casa. Aquí está la familia. Es nuestro proyecto de vida. No tus amigas. Ve nada más sus charlas. Te mal informan. Te contaminan. Te meten ideas que lastiman nuestra relación. Y todo les crees. Que el «Paro». Que los derechos. Desde el desperdicio de una mesa de café hasta lo inútil de sus grupos de whats. Siempre lo mismo. No me gustan. No me gusta que te pierdas por ahí. Con las mismas. Te invito lo vayas pensado, reconsiderando, pues. Puede ser necesario. Bueno para ti. Para la familia. «La familia es primero». Así lo platicamos. Más bien, lo acordamos. Se que lo recuerdas.
Hemos salido adelante, ¿qué, no? Quizá le podremos batallar, pero al fin, esa es mi chamba. No veo necesidad de que sigas ahí. Ese trabajo te hace perder el tiempo.
No me gusta. Si. Tienes una carrera. Eso es bueno. Pero me tienes a mi. Yo te prometí que sacaría adelante la familia. Ya tuviste un buen de tiempo para hacer lo que querías. Es momento de que también nos quieras a nosotros. No lo veas como sacrificio. Tu trabajo te quita tiempo de calidad para con los hijos. Además, no porque ganes más, a mi creas que me afecta. Yo llevo la casa, contribuyó con lo que me toca, y con eso es suficiente, ¿qué, no? Tu tienes tu importancia aquí. Eres la JEFA de tu hogar. ¿Que misión más importante que esta podría ser la tuya? Date cuenta, mujer. Date cuenta.
Perdón que insista. Sabes que no me gusta meterme en tus asuntos. No me gusta. Pero, de verdad, que no me gusta que le llames a esa. No es de mejores amigas meterse en asuntos de la pareja. Si ella no cree que te caíste y por eso los moretones, es muy su bronca. ¿No le habras dicho otra cosa, verdad? Sabes que la intimidad de la pareja es cosa de dos.
Te gusta maquillarte. Lo disfrutas. Así era cuando trabajabas. Cúbrete con maquillaje. Fue solo un rozón. A cualquiera nos pasa. Tú, que no guardaste distancia. ¿Para qué te dejaste ver? Ese sujeto solo te miró. Ese no es problema. Que te miren no es problema. A cualquiera se le antoja voltear. Así pasa. El problema es que TÚ le devuelvas la mirada. Que te dejes ver como fácil. Eso cala. No es de respeto para uno. Para uno como hombre. Es un poco humillante.
Si. Se me paso la mano. En la cama, quizá un poco. Pero, ¿cómo no saber si a quien deseabas era a mi o a ese cabrón que miraste en la calle? Por eso había que marcar más el territorio. Dejar claro a quién te debes. Y sé que te gustó. Ninguna violación carajo. Eres mía. Y se que, a fin de cuentas, sí te gustó. Ser dominadas. Eres como todas. Les gusta. Aunque luego hagan como que no.
No le vuelvas a marcar a ella. Bórrala de tus contactos. Ya no la busques. Por respeto a nuestro consagrado matrimonio. Por respeto a tus hijos. Por respeto a ti. Y ya no llores, por favor. Y máquillate. Solo fueron rozones. No seas melodramática. No me gusta, carajo. Ya sabes que no me gusta que llores. Te gusta el chantaje. Hacerte la víctima. Como todas. ¿Luego porque las matan?
…es broma, mujer. Es broma. Ni que fuera para tanto.





