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I. El mismo punto de nuevo

Días de Babilonia, una columna de Alex Valencia

Amanece. Las calles tratan de sonreír tras su cara picada de viruelas y dientes maltratados. A medianoche el buitre enjuto hizo el último acto del poder que nunca tuvo, pasó el mando a través de la Constitución seguramente con la esperanza que ni esta ni la ley le alcancen; ahora seguramente ha emprendido el vuelo batiendo con torpeza sus alas purulentas, dando bandazos como sucedió por seis años, mientras estuvo empollando huevos huecos desde el nido más alto.

El sol pica como sólo en la capital potosina -según sus habitantes- sabe hacerlo; no calienta, quema; roe la piel de una señora que no entiende bien por qué, pero ha estado desde temprano en la Plaza de los Fundadores para lo que, le han dicho, es el ritual de unción del nuevo elegido.

Ha pasado tantas veces por esto a lo largo de su vida que ya ni siquiera le importa el nombre del salvador del momento, sólo quiere que las muchas palabras de los del templete terminen para poder volver a sus actividades cotidianas, solo está ahí para garantizar que le tomen en cuenta para unos cuantos pesos, un garrafón de agua, un kilo de tortillas, cualquier cosa que le permita sobrellevar la realidad cotidiana, esa que no conocen los que sonrientes, airosos, exaltados, toman el micrófono. Ya quiere irse, pero sus nietos le detienen un momento más, mágico, único. A su lado acaba de pasar Él. Sencillo como si no fuera un enviado del cielo. Hola Julión, gracias por voltear a verme.

Por lo menos la calle nada más ha agregado unas decenas de baches de ayer a hoy, pero ya no hay bloqueos; se puede, sacrificando tiempo -unos veinte minutos, media hora-, hacer tranquilamente el camino que, dicen, alguna vez se recorrió en diez. Obviamente en auto, pensar en caminar es una mentalidad peatonalmente suicida e irresponsable.

Cae la noche. Los bichitos de la viruela citadina van de regreso. Habrá 28 autos de transporte manchados de helado y cosas peores. 30 camioneros malhumorados agrediendo al pasaje, 624 personas que tiran algo chiquito de basura en la calle porque eso qué, no afecta nada. 4 choques de automóvil porque la neurosis y la falsa urgencia no descansan. Habrán varios corazones rotos y también familias que reiteran su unión al final del día.

Y el día siguiente será el mismo. No hay ciclo que no empiece desde el mismo punto donde se quedó el anterior. Y no hay fórmulas mágicas. Y al levantarse el sol, seremos los mismos mientras no queramos algo distinto.

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