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San Luis Potosí

La guillotina

Una columna de J. Guadalupe González

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En San Luis Potosí se están viviendo situaciones que a nuestra generación no le habían tocado, para tener una mejor referencia, tendríamos que remontarnos a finales de los cincuentas e inicios de los sesentas donde la persecución política fue el sello.

En enero de 1955 el crítico periódico El Heraldo sufre una brutal embestida desde el gobierno del estado y lo deja al borde del abismo. En septiembre de 1961 son incendiadas las instalaciones del periódico Tribuna y en febrero de 1963 es encarcelado el doctor Salvador Nava. Una negra época de represión.

Hoy seis décadas después se percibe en el ambiente una sensación de regresión. Donde una vez más el estado podrá utilizar a las instituciones como una persecutoria inquisición que pretende quemar en la hoguera a las voces libres y a quienes son considerados “enemigos incómodos”.

Actualmente el periodismo es una profesión de alto riesgo. Nuevos métodos de represión están hoy presentes, pero con el mismo objetivo del pasado: callar la crítica. Ya son trece medios de comunicación en el estado que han sufrido en un periodo de dos meses el hackeo de sus cuentas oficiales en Facebook y de sus portales web. Siete de la capital, tres en la huasteca y tres en Matehuala.

Los alcaldes que no han aceptado cambiarse al partido verde, han denunciado un cotidiano hostigamiento y fuertes presiones. Es por eso que ahora que fue detenido el alcalde de Matehuala Iván Estrada surgen dudas, de cuanto es verdad lo que le achaca la Fiscalía y cuando es parte de un linchamiento para sembrar el terror como una Gestapo al estilo de la “gallardía”.

Pero en el otro lado están en el olimpo de los intocables, bastantes que durante años cometieron terribles actos de corrupción y un saqueo brutal que afectó como siempre, a las gentes más necesitadas. En ese nicho están algunos ex alcaldes, ex diputados locales que integraron la peor y más corrupta legislatura de la historia como fue la LXI y ex funcionarios de alto rango en tiempos de Toranzo y Carreras, que supieron hábilmente hacer “jugosas negociaciones” para asegurar su impunidad.

Quienes están bajo amenaza constante son los medios libres, los periodistas críticos, los activistas incómodos, los alcaldes que se mantienen firmes y la ciudadanía que valientemente está dispuesta a luchar contra los cacicazgos.

Lamentable la guillotina ya ha cortado algunas cabezas utilizando métodos perversos, propios de la sucia política actual.

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