miércoles, octubre 21, 2026

Primero lo que apendeja

La Teoría del Meme, una columna de Chucho Ramírez

Si algo sabe hacer el gobernador Ricardo Gallardo Cardona es montar un buen show. ¡Vaya maestro del espectáculo! Si estuviéramos en feria permanente, no cabe duda de que tendríamos al mejor gobernador del país. Pero mientras los “ahijados” disfrutan de conciertos faramallosos y drones que iluminan el cielo con sus iniciales, la triste realidad del estado es que: el agua escasea, siguen incrementado los adeudos en pensiones, se acumulan las solicitudes de transparencia sin resolver, se vacían los anaqueles de medicamentos en los hospitales, se sigue engordando la nómina con perfiles que poco abonan al buen gobierno del estado y se sigue despilfarrando el dinero en cosas innecesarias.

Es casi como si Gallardo hubiera decidido que, si la gente no tiene agua, ¡que disfrute de una buena cumbia! Total, ya lo decía la Roma antigua: «pan y circo». Aunque, en este caso, son chachitos corriosos, pero, eso sí, los eventos de primer nivel no faltan. ¿Que el dinero destinado a los servicios básicos está un poco corto? No importa, que la música no pare. ¿Que las pensiones están a punto de colapsar? Ya lo solucionaremos… después del próximo concierto, claro.

El festival del gasto público

Desde el inicio de su mandato, el gobernador Gallardo ha decidido apostar por una estrategia brillante (sarcasmo incluido): distraer a los ciudadanos con espectáculos. No es que estemos en contra de un buen concierto de vez en cuando, pero ¿es necesario derrochar millones en eventos masivos mientras las necesidades reales de la población son otras? Al parecer, el enfoque es «emborrachar al corazón para que el bolsillo no duela tanto».

Si el estado gestionara sus recursos con la misma energía que organiza conciertos, San Luis Potosí sería una potencia económica. Pero, tristemente, la realidad es que mientras los recursos se destinan a espectáculos que duran lo que un aplauso, los problemas estructurales se acumulan. Gallardo parece haber olvidado que, después de la fiesta, llega la cruda realidad: las cuentas por pagar no desaparecen mágicamente con una buena rola.

Agua, agua por todas partes, pero ni una gota para beber

Entre tanto baile de los ahijados y ahijadas, pareciera que Tláloc ya nos volteó a ver y ahora entre tanta agua que inunda las calles ya nos enfrentamos a la triste realidad de que no se aprovecha. Miles de millones de litros de agua victimas de invertirle a la Arena Potosí y a vuelos privados en vez de a vasos captadores.

 Mientras el gobierno organiza más y más eventos espectaculares, la crisis hídrica en el estado sigue sin resolverse. ¿Qué hace Gallardo al respecto? Pues lo de siempre: apendejar. Que la gente no tenga agua, pero, oye, que no falte una buena distracción. Si tu tinaco está vacío, ¡no te preocupes! Seguro el gobernador tiene una banda en vivo que hará que olvides que no le puedes bajar al baño o bañarte en la regadera.

Al parecer, en San Luis Potosí se ha adoptado la política del «ahí luego vemos«. Porque, claro, ¿para qué solucionar la falta de agua si puedes organizar un nuevo evento? Mientras tanto, el Realito sigue tronando y no se ve que la Comisión Estatal del Agua (CEA) tenga muchas ganas de presionar el problema, sobre todo cuando ya hay que ir pensando en el festival navideño y el árbol más grande de no-sé-donde.

El maestro de ceremonias

No hay que ser mal pensados: seguramente Gallardo tiene algún plan maestro para resolver todos estos problemas. Quizás después (ahora si) de la siguiente FENAPO, o cuando terminen de aplaudir a su gobierno, se acuerde de que también se necesita gobernar. Y es que, para Gallardo, ser gobernador no se trata solo de gobernar, ¡sino de entretener!

Es irónico cómo, en medio de tanto espectáculo, la verdadera función de un gobernador parece haberse quedado en el olvido. Mientras los fuegos artificiales iluminan el cielo potosino, los verdaderos problemas siguen ahí, en la oscuridad, esperando una solución que parece nunca llegar. Quizás, algún día, cuando el escenario se desmonte y las luces se apaguen, Gallardo recuerde que San Luis Potosí no solo necesita música, sino también agua, pensiones, seguridad, desarrollo, medicamentos y de paso una gestión responsable.

Mientras tanto, los ahijados pueden seguir disfrutando de su circo, esperando que, eventualmente, el gobernador decida poner los pies en la tierra y comenzar a resolver lo que realmente importa. O, al menos, que nos avise cuándo empezará la función de «gobernar de verdad».

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